Cuento Navideño: Una lección para Jaime

Jaime era un niño muy caprichoso. Siempre estaba pidiendo. Desde hacía semanas no paraba de pedir regalos y juguetes porque sabía que se acercaba la Navidad. Todo cuento que veía, quería que se lo trajera Papá Noel.

Sus papás trataban de explicarle que en el saco rojo de Santa Claus, aunque era mágico, no cabría todo, porque también debía llevar juguetes para el resto de niños de todos los rincones del mundo. Pero, Jaime no quería entenderlo. Se tiraba al suelo y montaba una pataleta. Fue entonces cuando sus papás decidieron darle un escarmiento.

Llegó el día de Navidad. Y con él los abuelos, los tíos y los primos para disfrutar de una gran comida y celebrar todos juntos el día. Pero Jaime apenas tuvo tiempo de saludarles y comer porque se pasó toda la mañana sentado al pie del árbol de Navidad abriendo sus regalos.

Y es que, sus papás habían escrito una carta a Papá Noel pidiéndole que le trajeran a Jaime todo cuanto había pedido para que aprendiera una importante lección. Mientras sus primos jugaban entre ellos, reían, salían a la calle a hacer un muñeco de nieve y una guerra de bolas de nieve; Jaime no cesaba de desenvolver paquetes.

Al principio era divertido, pero con el paso de las horas ya no le hacía ilusión rasgar los papeles ni descubrir el juguete que había dentro. Jaime estaba triste y agotado. Tenía más juguetes que nunca, pero había sido el peor día de Navidad de su vida. De fondo podía oír brindar a su familia, cantar canciones populares y reírse mientras contaban anécdotas. Y él se lo estaba perdiendo todo.

Y así, Jaime entendió que lo importante de la Navidad no son los juguetes, sino el poder disfrutar de la familia y los amigos. Comprendió que es más importante compartir nuestro tiempo con las personas que queremos que convertirse en el niño con más juguetes del mundo.

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